En La Paz, transportistas salieron a las calles para denunciar la venta de gasolina de baja calidad que estaría causando daños significativos a vehículos particulares, motos y unidades del transporte público. La protesta, que incluyó bloqueos y marchas, busca llamar la atención de YPFB y exigir soluciones urgentes ante los problemas mecánicos recurrentes derivados del combustible contaminado.
Durante la movilización, varios choferes exhibieron gasolina oscura y con residuos visibles, señalando que el líquido ya no cumple con los estándares necesarios para el correcto funcionamiento de los motores. Según los afectados, las reparaciones se han vuelto frecuentes y los costos acumulados son cada vez más difíciles de asumir.
“En un solo mes he tenido que cambiar bombas de gasolina, empaquetaduras y otras piezas. Solo en pequeños repuestos gasté 1.800 bolivianos, sin contar el desgaste del motor ni la mano de obra”, señaló un transportista. Otros afirmaron que deben desechar litros de combustible porque “ya no sirven”, lo que genera pérdidas mensuales que pueden superar los 10.000 bolivianos por vehículo.
Fallas mecánicas y costos crecientes
Los transportistas denunciaron que los problemas afectan distintos componentes de los vehículos, desde bombas y filtros hasta cilindros, e incluyen la necesidad de limpiezas frecuentes con thinner y otros productos, cuyo precio también ha aumentado. Según reportaron, un litro de thinner puede costar entre 9 y 15 bolivianos, un gasto adicional que no reciben compensación alguna.
El impacto financiero de la situación se refleja en alquileres impagos, cuotas bancarias vencidas y vehículos que permanecen días enteros inactivos en garajes o talleres, aumentando la presión sobre los conductores. Los mecánicos, que cobran por día, se encuentran saturados, lo que retrasa las reparaciones y prolonga la inactividad de los automóviles afectados.
En el caso de vehículos más modernos, el costo de reparación puede oscilar entre 5.000 y 15.000 bolivianos, y algunos transportistas han tenido que reparar el mismo vehículo hasta tres veces debido al combustible contaminado.
Reclamaciones y medidas de presión
Los líderes del sector exigieron resarcimiento por los daños y soluciones estructurales en la distribución de combustible. “No se trata solo del transporte público; los vehículos particulares y las motos también están fallando”, señalaron.
A pesar de reconocer que los bloqueos generan inconvenientes a la población, los transportistas justificaron la medida como la única manera de ser escuchados. Advirtieron que intensificarán las protestas si no reciben respuestas concretas de YPFB en los próximos días.
El sector confirmó que fue convocado a una reunión con las autoridades para este miércoles, en la que esperan que la estatal explique el origen del problema y garantice la provisión de combustible en condiciones adecuadas. Sin embargo, la incertidumbre persiste, ya que cada día siguen llegando nuevos vehículos con fallas y la cadena de pérdidas continúa en aumento.
Impacto en la movilidad y economía local
Más allá del daño directo a los vehículos, la situación genera un efecto negativo en la movilidad urbana. Con unidades fuera de circulación, las rutas del transporte público se ven afectadas, aumentando los tiempos de espera para los pasajeros y complicando el tránsito en horas punta. Además, los negocios dependientes del transporte de carga también sufren retrasos, lo que repercute en la economía local.
Los choferes manifestaron que esperan soluciones rápidas, ya sea mediante la entrega de combustible de calidad garantizada, compensaciones económicas por los daños o la implementación de controles más estrictos en las estaciones de servicio. Mientras tanto, la tensión entre los transportistas y las autoridades continúa creciendo, reflejando la urgencia de atender un problema que afecta tanto al sector privado como al público. (El Deber)


