Un reciente estudio científico ha mostrado que muchas extensiones de cabello y pelucas contienen niveles preocupantes de químicos potencialmente dañinos para la salud, generando un riesgo silencioso para millones de personas en todo el mundo. La investigación, publicada en la revista Environment & Health de la Sociedad Estadounidense de Química (ACS), analizó 43 productos populares y detectó 169 compuestos distintos, entre ellos retardantes de llama, pesticidas y otros químicos asociados con cáncer, alteraciones hormonales y problemas reproductivos.
Los científicos explican que muchas extensiones se tratan químicamente para que sean ignífugas, impermeables o antimicrobianas, características que las hacen más duraderas y fáciles de manejar. Sin embargo, cuando se exponen al calor de planchas, secadores o incluso al peinado regular, estas sustancias pueden liberarse, quedando presentes en el aire o sobre la piel de las usuarias. Entre los hallazgos más alarmantes se encuentran los organoestánnicos, detectados en casi el 10 % de las muestras, compuestos relacionados con irritación cutánea, disfunciones hormonales e incluso cáncer.
El estudio también reveló un fuerte componente social: más del 70 % de las mujeres negras usan extensiones al menos una vez al año, frente a menos del 10 % de otros grupos, lo que indica que estas comunidades enfrentan un riesgo desproporcionado. “La industria del cabello ha ignorado históricamente la salud de las mujeres negras, quienes no deberían tener que elegir entre su expresión cultural, comodidad o bienestar”, aseguró la investigadora principal Elissia Franklin.
Además de los organoestánnicos, los investigadores encontraron 48 sustancias de alto riesgo, 12 prohibidas en California por sus efectos cancerígenos o reproductivos, y 17 vinculadas específicamente con el cáncer de mama. Solo dos productos de los 43 analizados estaban libres de químicos peligrosos; el resto contenía múltiples compuestos tóxicos que podrían afectar seriamente la salud de las usuarias, especialmente quienes los usan con frecuencia o durante largos períodos.
El mercado global de extensiones capilares también es un factor crítico en la magnitud del problema. Se espera que supere los 14.000 millones de dólares para 2028, reflejando la enorme demanda y el riesgo de exposición masiva a químicos peligrosos. Franklin advirtió que “estos hallazgos dejan claro que se necesita una supervisión más estricta y que la industria debe invertir en productos más seguros. La belleza y la expresión cultural no deben pagarse con la salud de las consumidoras”.
Expertos en salud ambiental subrayan que la exposición prolongada a algunos de estos químicos puede tener efectos acumulativos, aumentando la probabilidad de cáncer, alteraciones hormonales y problemas reproductivos a largo plazo. La situación es especialmente crítica en sectores donde el uso de extensiones es constante, como en la industria de la moda o entre artistas que requieren cambios de estilo frecuentes.
La falta de transparencia de la industria también es un problema clave. Muchas marcas no revelan los químicos utilizados en sus productos, lo que impide que las usuarias tomen decisiones informadas. “Las etiquetas no reflejan la realidad química de los productos, y muchas personas desconocen el riesgo que corren simplemente al peinar o aplicar calor sobre sus extensiones”, señaló Franklin.
Más allá de la salud, las extensiones de cabello son una forma de expresión cultural y personal, especialmente para mujeres negras que buscan mantener estilos tradicionales o innovar con su apariencia. Este estudio evidencia la necesidad de equilibrar la estética con la seguridad, promoviendo regulaciones que obliguen a la industria a fabricar productos libres de químicos peligrosos y más sostenibles.
El estudio concluye con un llamado urgente a la acción: los organismos reguladores deben establecer normas claras sobre los químicos permitidos en extensiones y pelucas, mientras que las consumidoras deben informarse sobre los riesgos y optar por productos certificados como seguros. Solo así se garantizará que la industria del cabello no comprometa la salud de las usuarias en nombre de la belleza y la conveniencia. (RT)


