Un voraz incendio forestal que azota las regiones del Biobío y Ñuble, en el centro sur de Chile, ha dejado un saldo de al menos 19 personas fallecidas y miles de habitantes afectados, según los últimos reportes de las autoridades chilenas. La magnitud del siniestro ha llevado a que los organismos gubernamentales lo califiquen como un “megaincendio”, debido a su rápida propagación, la extensión de las zonas afectadas y las condiciones climáticas extremas que dificultan su control.
Hasta el momento, se estima que más de 1.500 personas han quedado damnificadas y que 325 viviendas han sido destruidas por las llamas. Adicionalmente, alrededor de 1.140 inmuebles se encuentran en evaluación para determinar la magnitud de los daños. Las autoridades han declarado alerta roja en las zonas afectadas y han activado el Estado de excepción constitucional de catástrofe, con el objetivo de movilizar recursos, personal de emergencia y seguridad para proteger a la población y contener el avance del fuego.
La situación se complica debido a que, en el tercer día del siniestro, las temperaturas en la región superan los 30° Celsius, incrementando el riesgo de que nuevos focos se propaguen rápidamente. El Ministerio de Seguridad ha informado que, pese a la gravedad del incendio, durante la noche anterior se lograron controlar algunos focos gracias a una leve disminución de la temperatura, lo que permitió que los equipos de bomberos y rescatistas avanzaran en algunas zonas críticas.
El ministro de Seguridad, Luis Cordero, señaló que la intensidad del incendio es comparable a los megaincendios ocurridos en 2017, 2023 y 2024. En aquel último caso, el incendio de 2024 dejó un saldo de 135 víctimas mortales, convirtiéndose en uno de los más letales en la última década. Sin embargo, las autoridades han remarcado que, aunque la cifra de fallecidos actual es menor, la magnitud de los daños materiales y el impacto social sigue siendo considerable.
Desde el Ministerio del Interior, a través de Senapred, se detalló que hasta el momento se han registrado 1.533 personas damnificadas y cientos de viviendas destruidas. Las fiscalías regionales de Ñuble y Biobío han instruido a las policías resguardar los sitios afectados para garantizar que se puedan llevar adelante las investigaciones pertinentes que permitan determinar el origen del fuego. El Fiscal Nacional, Ángel Valencia, informó que existen hipótesis preliminares sobre las causas del siniestro, aunque se mantienen bajo reserva mientras continúan las pesquisas.
Entre las posibles causas, el ministro Cordero mencionó fallas eléctricas, negligencia o incluso acciones intencionales, mientras que el gobernador de Biobío, Sergio Giacaman, expresó que la dirección de los múltiples focos y su rápida propagación hacen pensar en un posible origen deliberado. “Los múltiples focos conectan por la dirección del viento para que esto se transforme en un gran foco”, indicó Giacaman en declaraciones a medios locales.
Los equipos de emergencia han trabajado de manera intensa para asistir a los damnificados, y la labor de los funcionarios de seguridad ha sido especialmente destacada. Sin embargo, en medio de las operaciones, una oficial de Carabineros resultó gravemente herida mientras ayudaba a familias en las zonas afectadas. Se trata de la cabo 1ª Makarena Moreno, perteneciente a la 6ª Comisaría de San Pedro de la Paz, quien se encuentra hospitalizada fuera de riesgo vital.
El impacto social y ambiental del incendio es significativo: miles de hectáreas de bosque y pastizales han sido consumidas por las llamas, afectando ecosistemas locales y medios de vida de las comunidades rurales. Mientras las autoridades continúan coordinando el envío de recursos y brigadas especializadas, la población de Biobío y Ñuble permanece en alerta, con la esperanza de que los esfuerzos de control y contención logren estabilizar la situación en los próximos días. (Los Tiempos)


