La “obesidad digital”: cómo el exceso de pantallas podría estar drenando la energía de su cerebro

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Pasar largas horas frente a pantallas y en espacios cerrados podría estar afectando silenciosamente la salud cerebral y física de muchas personas, sin que estas lo perciban claramente. El médico John La Puma advierte que síntomas comunes como agotamiento, ansiedad, dificultad para dormir y problemas de concentración podrían estar vinculados a lo que denomina “obesidad digital”, un estado biológico provocado por la exposición continua a estímulos electrónicos y entornos artificiales.

La Puma explica que este fenómeno no es un problema de motivación o productividad, sino una sobrecarga del sistema de alerta del cerebro. La combinación de luz artificial, pantallas, estímulos constantes y alta demanda cognitiva mantiene al cerebro en un estado de hiperactividad que no se resuelve, provocando cansancio mental y físico simultáneamente. Entre las prácticas que intensifican este estado se encuentra el ‘doomscrolling’, la acción de revisar noticias negativas de manera compulsiva, que mantiene a la mente en alerta sin ofrecer soluciones o cierre cognitivo.

Los efectos clínicos de este estado son variados: menor variabilidad de la frecuencia cardíaca, aumento del cortisol nocturno, retraso en la producción de melatonina, sueño superficial, alteraciones metabólicas y aumento de peso. La combinación de estos factores genera un círculo de fatiga y estrés constante que muchas personas no logran identificar como consecuencia de su estilo de vida digital.

Para contrarrestar la obesidad digital, La Puma recomienda intervenciones mínimas pero consistentes: pasar alrededor de 100 minutos diarios al aire libre, lo que representa aproximadamente el 7 % del tiempo diario. Esta exposición intencional a la luz natural, el movimiento y la visión de larga distancia ayuda a restablecer los ritmos biológicos, mejorar la calidad del sueño, reducir la ansiedad, aumentar la concentración y equilibrar indicadores metabólicos.

El especialista subraya que no se trata de cambiar radicalmente el estilo de vida, sino de recuperar dosis regulares de contacto con el ambiente natural, lo que puede generar beneficios rápidos y sostenibles. Estudios citados por La Puma muestran que, en promedio, los seres humanos pasan el 93 % de su tiempo en espacios cerrados o vehículos, en contraposición con las condiciones para las cuales nuestro cuerpo y cerebro evolucionaron.

En resumen, la solución no está en abandonar la tecnología, sino en equilibrar su uso con momentos conscientes de exposición al exterior, movimiento y descanso visual, elementos esenciales para mantener la energía cerebral y la salud general. (RT)