La “barriga cervecera” eleva el riesgo de enfermedades cardíacas, sobre todo en hombres

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La acumulación de grasa en el abdomen, conocida popularmente como “barriga cervecera”, representa un factor de riesgo importante para la salud del corazón, especialmente en los hombres. Aunque socialmente suele asociarse a una etapa de estabilidad personal —frecuente a partir de los 35 o 40 años—, la evidencia científica advierte que sus efectos están lejos de ser inofensivos.

Un estudio reciente presentado en el congreso anual de la Radiological Society of North America (RSNA) reveló que la grasa abdominal está vinculada a alteraciones estructurales del corazón que no siempre se detectan mediante los indicadores tradicionales de obesidad, como el Índice de Masa Corporal (IMC). Estas modificaciones aumentan la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

La investigación analizó resonancias magnéticas cardíacas de más de 2.200 personas de entre 46 y 78 años que no presentaban antecedentes conocidos de enfermedad cardiovascular. Los resultados mostraron que quienes tenían una relación elevada entre cintura y cadera presentaban signos de hipertrofia concéntrica, un engrosamiento del músculo cardíaco que reduce la cantidad de sangre que el corazón puede bombear de forma eficiente.

Especialistas destacan que la obesidad abdominal es un indicador más preciso del riesgo cardiovascular que el exceso de peso general. Gracias al uso de resonancia magnética, el estudio logró identificar cambios tempranos en el corazón, incluso antes de que aparezcan síntomas clínicos.

Los hallazgos indican que esta asociación es más marcada en los hombres que en las mujeres. Según los autores, esto se debe a que los varones tienden a acumular grasa visceral a edades más tempranas, mientras que las mujeres cuentan con una protección hormonal hasta la menopausia. Como consecuencia, los hombres permanecen más tiempo expuestos a los efectos inflamatorios de este tipo de grasa.

La forma en que el cuerpo distribuye el tejido adiposo también explica las diferencias de riesgo entre sexos. Mientras que las mujeres suelen acumular grasa en caderas y muslos, los hombres lo hacen en la zona abdominal, donde el impacto metabólico es mayor. La grasa visceral libera sustancias que afectan directamente a órganos como el hígado, el páncreas y los riñones, aumentando no solo el riesgo cardiovascular, sino también el de otras enfermedades, incluido el cáncer.

Otro punto relevante del estudio es la limitada capacidad del IMC para identificar este riesgo. Aunque una gran parte de los participantes fue clasificada con sobrepeso u obesidad según el IMC, el porcentaje aumentó considerablemente cuando se evaluó la relación cintura-cadera, especialmente en los hombres. Esto evidencia que muchas personas con un peso aparentemente normal pueden tener un riesgo elevado si concentran grasa en el abdomen.

Los expertos coinciden en que el IMC sigue siendo una herramienta útil, pero insuficiente por sí sola. No distingue entre masa muscular y grasa ni tiene en cuenta dónde se localiza esta última. Por ello, otros indicadores como la relación cintura-altura resultan más fiables para anticipar problemas cardíacos, incluso en personas con valores normales de colesterol o presión arterial.

Calcular esta relación es sencillo: la circunferencia de la cintura no debería superar la mitad de la estatura. Por ejemplo, una persona que mide 1,80 metros debería mantener una cintura por debajo de los 90 centímetros. Superar ese umbral es una señal de alerta para consultar al médico y adoptar medidas preventivas.

Finalmente, los especialistas aclaran que la llamada “barriga cervecera” no se debe únicamente al consumo de cerveza. El exceso de alcohol en general, junto con bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, contribuye de manera significativa a la acumulación de grasa abdominal, que puede prevenirse o reducirse con una alimentación equilibrada y actividad física regular. (MSN)