Mantenerse físicamente activo a lo largo de la vida adulta podría estar relacionado con una mejor conservación del cerebro y un rendimiento cognitivo superior, especialmente en tareas que requieren retener información a corto plazo. Así lo indica un estudio publicado en la revista científica European Journal of Neuroscience, que analizó datos de casi 20.000 personas adultas de mediana y avanzada edad.
La investigación se basó en información recopilada por el UK Biobank, un amplio banco de datos de salud del Reino Unido. Los participantes, cuyas edades oscilaban entre los 45 y los 82 años, llevaron dispositivos electrónicos en la muñeca durante una semana completa para registrar de manera continua la intensidad, la frecuencia y la duración de su actividad física diaria. Este método permitió obtener mediciones objetivas, evitando los errores comunes asociados a la autoevaluación.
Posteriormente, los voluntarios realizaron una serie de pruebas cognitivas por ordenador con el fin de evaluar diferentes tipos de memoria. Entre ellas se incluyeron ejercicios para recordar secuencias numéricas, reconocer estímulos visuales previamente presentados y cumplir tareas específicas en momentos determinados. Los investigadores observaron que las personas con mayores niveles de movimiento diario obtenían resultados notablemente mejores en las pruebas relacionadas con la memoria numérica, incluso después de ajustar los datos por variables como edad, nivel educativo, tabaquismo y otros factores de estilo de vida.
El análisis de imágenes cerebrales aportó información adicional relevante. En el subgrupo que se sometió a resonancias magnéticas, los individuos más activos mostraron un mayor volumen cerebral total, así como una mejor preservación de la sustancia gris y la sustancia blanca. Estas estructuras cumplen funciones clave: la primera participa en el procesamiento de la información, mientras que la segunda permite la comunicación eficiente entre distintas regiones del cerebro.
Asimismo, los investigadores detectaron una menor presencia de lesiones microscópicas asociadas al deterioro vascular cerebral, lo que sugiere que la actividad física podría desempeñar un papel importante en la protección de los pequeños vasos sanguíneos del cerebro. Este aspecto es especialmente relevante, ya que el daño vascular se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo a medida que avanza la edad.
Si bien el estudio no establece una relación directa de causa y efecto —dado que se trata de un análisis observacional realizado en un único momento—, los autores señalan que los resultados refuerzan la evidencia existente sobre los beneficios integrales del ejercicio. Más allá de mejorar la salud cardiovascular y muscular, mantenerse activo de forma regular también se asocia con un cerebro estructuralmente mejor conservado y con una mayor capacidad para manejar información esencial en la vida diaria. (RT)


