Con el objetivo de cuantificar el impacto económico y turístico del Carnaval de 2026, el Viceministerio de Fomento al Turismo Sostenible desplegó a 200 encuestadores en todo el país. La iniciativa busca recabar información precisa sobre el flujo de visitantes, consumo y generación de divisas durante las festividades, que se extienden más allá del feriado tradicional con eventos como el Corso de Corsos y el Entierro del Pepino.
El viceministro Andrés Aramayo explicó en una entrevista con Bolivia Tv que los encuestadores trabajaron en los departamentos de Oruro, Cochabamba, La Paz, Santa Cruz y Tarija, considerados los principales polos de atracción turística del país. “Si bien acabó el feriado, todavía no acabó el Carnaval. Tenemos el Corso de Corsos y Entierro del Pepino”, afirmó, subrayando que la medición busca reflejar todo el movimiento generado por la festividad.
Los datos recopilados serán cruzados con información proporcionada por instituciones como Migración y el Banco Central de Bolivia (BCB), así como registros de transporte, hotelería y comercio, para elaborar un reporte integral sobre el impacto económico del Carnaval. Los resultados oficiales se esperan la próxima semana y permitirán al Gobierno proyectar con mayor exactitud el flujo de viajeros nacionales e internacionales y el ingreso de divisas generado por el evento.
El presidente Rodrigo Paz Pereira resaltó que una de las prioridades de su gestión es conocer con detalle cuánto aporta la festividad a la economía nacional. Hasta ahora, solo se disponían de estimaciones generales. Según proyecciones no oficiales, el Carnaval moviliza más de 500 millones de dólares a nivel nacional, consolidándose como la festividad con mayor impacto económico del país. Solo en Oruro, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se esperaba recibir cerca de medio millón de visitantes durante las celebraciones.
El viceministro Aramayo señaló que departamentos como La Paz y Potosí funcionaron principalmente como emisores de viajeros, mientras que Cochabamba, Oruro, Santa Cruz y Tarija se posicionaron como destinos de encuentro para turistas nacionales e internacionales. Esta dinámica activa diversos sectores económicos, incluyendo hotelería, gastronomía, transporte, comercio y artesanías, generando empleo temporal y dinamizando la economía local.
Una de las novedades de esta edición fue la participación de 20 influencers internacionales especializados en viajes y 30 influencers nacionales, quienes documentaron las festividades en Tarija, Oruro y Santa Cruz. Según Aramayo, el material generado servirá para crear productos audiovisuales de promoción turística dirigidos al mercado internacional, con el objetivo de atraer a más viajeros en futuras ediciones. Esta estrategia forma parte de un plan integral para posicionar al Carnaval boliviano como un atractivo global, destacando su valor cultural, histórico y económico.
Especialistas en turismo destacan que la medición sistemática del impacto económico del Carnaval permitirá diseñar políticas públicas más efectivas, mejorar la planificación de infraestructuras, fortalecer la economía cultural y garantizar que los beneficios de la festividad lleguen a diferentes actores de la cadena turística y productiva. Asimismo, proporcionará información valiosa para futuras negociaciones y estrategias de promoción internacional, reforzando la imagen de Bolivia como destino cultural de alto valor.
El operativo también permitirá analizar tendencias en el comportamiento de los visitantes, como el gasto promedio, la duración de la estadía y la preferencia por servicios turísticos específicos, información clave para orientar inversiones y mejorar la experiencia de los turistas. En paralelo, el seguimiento digital realizado por influencers contribuye a generar contenido que puede viralizarse globalmente, reforzando la presencia de la festividad en redes sociales y medios internacionales.
Con estas medidas, el Gobierno refuerza su compromiso con la transparencia, la planificación y la promoción del turismo cultural, consolidando al Carnaval como una herramienta de desarrollo económico y social, que no solo celebra la identidad y tradición boliviana, sino que también aporta de manera significativa a la economía nacional. (La Razón)


