Exportaciones de soya superan los 12.160 millones de dólares en la última década y consolidan su rol estratégico en Bolivia

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Exportaciones de soya superan los 12.160 millones de dólares en la última década y consolidan su rol estratégico en Bolivia

Las exportaciones de soya y sus derivados en Bolivia superaron los 12.160 millones de dólares durante los últimos diez años, consolidando al cultivo como un pilar económico fundamental y una pieza clave para la seguridad alimentaria del país. Así lo informó este miércoles la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), destacando el impacto del grano tanto en la generación de divisas como en la creación de empleo y en la provisión de materias primas para la industria alimentaria nacional.

Según el reporte de Anapo, con sede en Santa Cruz de la Sierra, la soya se ha convertido en el cultivo que más divisas aporta a Bolivia, superando incluso a sectores tradicionales como los hidrocarburos en ciertos periodos. Solo en 2025, las exportaciones del complejo oleaginoso, que incluye girasol, alcanzaron 1.145 millones de dólares, ubicándose como el segundo rubro exportador del país, mientras que los hidrocarburos reportaron 1.110 millones de dólares. Este crecimiento refleja la consolidación de la soya como un motor económico capaz de sostener importantes sectores de la economía nacional.

Más allá de su peso en la balanza comercial, la soya cumple un rol estratégico en la seguridad alimentaria. Es un insumo fundamental para la producción de aceite vegetal y alimentos balanceados que sustentan la cadena de producción de carne de pollo, res y cerdo, así como de productos lácteos y huevos. En 2025, la producción de soya y otros granos de rotación como sorgo, trigo, maíz, girasol y chía permitió abastecer al mercado interno con 5,7 millones de toneladas de granos, que a su vez sustentaron la producción de 580 millones de kilogramos de carne de pollo, 349 millones de kilogramos de carne de res, 136 millones de kilogramos de carne de cerdo, 565 millones de litros de leche y 2.675 millones de unidades de huevos.

“El cultivo no solo genera divisas, sino que sostiene toda la cadena alimentaria del país y dinamiza sectores como transporte, industria, comercio y servicios”, afirmó Abraham Nogales, presidente de Anapo. El dirigente destacó que promover la producción de soya no solo garantiza alimentos accesibles para la población, sino que también contribuye a la estabilidad económica del país y fortalece su posición en los mercados internacionales.

El sector sojero boliviano está compuesto por más de 14.000 unidades productivas, de las cuales aproximadamente el 80% corresponde a pequeños productores. En conjunto, esta cadena genera alrededor de 120.000 empleos directos e indirectos, abarcando actividades agrícolas, procesamiento industrial, transporte, exportación y servicios asociados. Este nivel de integración económica convierte a la soya en un verdadero motor de desarrollo rural y regional, con impactos significativos en la generación de ingresos y oportunidades para miles de familias.

Actualmente, el Gobierno boliviano mantiene un trabajo coordinado con los productores para impulsar la expansión y modernización del sector. Entre las demandas del sector se encuentra la adopción de tecnologías avanzadas y biotecnología agrícola, herramientas consideradas fundamentales para competir en igualdad de condiciones en los mercados internacionales y asegurar la sostenibilidad de la producción. La aplicación de nuevas tecnologías permitiría aumentar los rendimientos por hectárea, mejorar la resistencia de los cultivos y consolidar la posición de Bolivia como proveedor confiable de soya y productos derivados en la región y el mundo.

Analistas del sector consideran que el crecimiento de las exportaciones de soya durante la última década refleja no solo la capacidad productiva del país, sino también la estrategia de integración del sector agrícola con la industria y el comercio exterior. La combinación de producción eficiente, infraestructura adecuada y políticas de apoyo a pequeños y medianos productores ha permitido que Bolivia se consolide como un actor relevante en el mercado internacional de oleaginosas.

En conclusión, la soya se ha establecido como un pilar económico y un recurso estratégico para Bolivia, generando divisas, empleo y alimentos, al tiempo que impulsa la modernización del sector agrícola. Su papel central en la economía nacional demuestra que la inversión y el apoyo constante a este cultivo pueden garantizar estabilidad económica, seguridad alimentaria y competitividad internacional en los próximos años. (La Razón)