El joven que devuelve la vida a los billetes en gaza, un territorio donde hace más de dos años no entran nuevos ejemplares

En el bullicioso corazón de un mercado en Gaza, un estudiante trabaja meticulosamente sobre un billete de 100 séqueles (unos US$30). Lo examina, lo endereza con cuidado y, con lápices de colores, intenta recuperar los tonos perdidos por el desgaste.

Ese joven es Baraa Abu al-Aoun, quien, en lugar de asistir a sus clases universitarias, pasa las horas sentado tras una pequeña mesa improvisada junto a la calle. Cobra una tarifa mínima por restaurar billetes dañados, un servicio que se ha vuelto sorprendentemente solicitado.

El negocio nació por necesidad. Desde el ataque de Hamás a Israel en 2023 y la ofensiva israelí que siguió, Tel Aviv bloqueó la entrada de dinero físico a Gaza. A esto se sumó la destrucción de la mayoría de los bancos durante los bombardeos y los saqueos posteriores. Aunque algunas sucursales pudieron reabrir en las últimas siete semanas de tregua, ningún cajero automático funciona actualmente.

La vida cotidiana exige efectivo: la gente lo necesita para comprar alimentos, agua o productos básicos. Con los bancos paralizados, muchos se han visto obligados a recurrir a cambistas informales, quienes cobran comisiones muy elevadas para convertir transferencias digitales en billetes. Esto ha disparado el uso de billeteras virtuales y aplicaciones móviles para pagos.

Cada billete cuenta

En este contexto, cualquier trozo de papel moneda es crucial, por muy deteriorado que esté. Y ahí entra el trabajo de Baraa.

“Solo necesito una regla, pegamento y unos cuantos lápices. La situación económica sigue estancada incluso con la tregua. Ayudo como puedo”, explica.

La ONU advierte que dos años de guerra han colapsado por completo la economía de Gaza, empujando a sus más de dos millones de habitantes a la pobreza extrema. El 80% de la población está desempleada, y quienes aún tienen ingresos se encuentran con enormes dificultades para obtener efectivo.

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BBC Mundo

Numan Rayhan, desplazado desde Jabalia, describe su día a día como “sufrimiento puro”: poca entrada de dinero, escasez de billetes y ausencia total de flujo bancario.

Al inicio del conflicto, Israel atacó bancos que, según sus autoridades, estaban vinculados con Hamás. Muchas entidades fueron saqueadas por grupos armados palestinos, lo que dejó pérdidas equivalentes a unos US$180 millones, según la Autoridad Monetaria Palestina. Israel, por su parte, confirma que impide la entrada de dinero físico para evitar que Hamás acceda a billetes que podrían financiar actividades militares.

En los mercados, comerciantes como Zakaria Ajour aseguran que el problema afecta a todo el mundo: clientes que no quieren aceptar billetes maltratados, monedas de 10 séqueles casi inexistentes y precios disparados por la crisis del efectivo.

Filas interminables y comisiones abusivas

En la ciudad de Gaza, las colas frente al Banco de Palestina empiezan desde la madrugada. La gente acude solo para reactivar cuentas, abrir nuevas o usar las aplicaciones bancarias. Asmaa al-Ladaa, que intenta abrir una cuenta para recibir ayuda de familiares, relata el desgaste: “Salimos de casa al amanecer, dejamos a los niños con quien podemos y pasamos horas esperando”.

En otras zonas, como Khan Younis, donde los bancos quedaron destruidos, la única opción es acudir a cambistas. Abu Khalil, un hombre mayor que recibe un salario modesto, asegura que casi la mitad de sus ingresos se los lleva la comisión: “No hay otra manera de obtener efectivo”.

Durante la guerra, muchos pequeños comerciantes se reconvirtieron en proveedores de servicios de cambio. En los peores momentos llegaron a cobrar hasta el 50% por entregar dinero físico. Hoy las comisiones han bajado, pero siguen siendo altas. Uno de estos cambistas explica que las tarifas dependen directamente del movimiento comercial y de la entrada de bienes a Gaza: cuando hay mercancías, los costos bajan; cuando las fronteras se cierran, vuelven a subir.

El auge del pago digital

Para paliar el caos, la Autoridad Monetaria Palestina lanzó un sistema que permite transferencias instantáneas entre cuentas locales. El Banco de Palestina también habilitó billeteras electrónicas accesibles con cualquier teléfono móvil, sin necesidad de internet. Ya existen más de medio millón de usuarios en Gaza.

Incluso organizaciones humanitarias como Unicef y el Programa Mundial de Alimentos utilizan estos sistemas para entregar ayuda financiera directamente a las familias. Unicef afirma haber transferido dinero a un millón de personas desde principios del año pasado, priorizando a niños vulnerables, huérfanos y madres lactantes.

Jonathan Crickx, portavoz de la organización, explica que estas herramientas permiten rastrear en qué se usa cada transferencia: la inmensa mayoría se destina a comida, agua, artículos de higiene y, en menor medida, electricidad generada de forma privada. Pero también describe la inflación brutal: familias pagando US$80 por dos kilos de tomates o US$70 por cinco kilos de cebollas.

En un campamento de al-Zawaideh, Hanan Abu Jahel utiliza la ayuda que recibió —1.200 séqueles— para alimentar a su familia de doce personas. Su hijo menor extraña los huevos, pero ella no puede permitírselos: “Los precios son imposibles”.

Un futuro incierto

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha hablado de un plan económico de veinte puntos para revitalizar Gaza, prometiendo inversiones y asesoría internacional. Sin embargo, no se han divulgado detalles concretos, mientras la ONU advierte que el enclave atraviesa la peor crisis económica de su historia.

De vuelta en su puesto callejero, Baraa sostiene un billete restaurado a contraluz. Varios clientes esperan su turno, atraídos por el letrero que anuncia reparaciones “profesionales y sin cinta adhesiva”.

Mientras trabaja, confiesa que sueña con una vida normal: “Solo deseo que la guerra termine. Quiero estudiar, trabajar en algo digno. Aquí apenas sobrevivimos. Es como si ya no fuéramos personas”. BBC Mundo

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