Un equipo internacional de especialistas en nutrición, medio ambiente y economía presentó una propuesta de alimentación destinada a enfrentar simultáneamente la crisis climática, los problemas de salud pública y las desigualdades en el acceso a los alimentos. El planteamiento sugiere una transformación profunda de los hábitos dietéticos en todo el mundo, priorizando alimentos de origen vegetal y fuentes de proteína consideradas de bajo impacto ambiental, como el pescado y el pollo.
Los investigadores advierten que el patrón alimentario dominante en la actualidad está estrechamente ligado al incremento de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y los trastornos cardiovasculares. A esto se suma que el sistema productivo global —especialmente la ganadería intensiva y los cultivos altamente demandantes de recursos— contribuye al calentamiento global, degrada los ecosistemas hídricos y acentúa la disparidad social. Según sus estimaciones, más de la mitad de la población mundial no logra cubrir sus necesidades nutricionales de manera adecuada.
Para revertir este escenario, el grupo científico recomienda limitar de forma drástica el consumo de carne roja, así como la ingesta excesiva de sal y azúcar. La transición hacia un modelo alimentario sostenible, calculan, requerirá inversiones internacionales que podrían oscilar entre 200.000 y 500.000 millones de dólares por año. Dichos recursos se destinarían a modernizar los sistemas agrícolas, impulsar prácticas productivas menos contaminantes y facilitar el acceso a alimentos saludables.
El informe también señala que la producción de carne proveniente de rumiantes debería reducirse en alrededor de un tercio para disminuir su impacto ambiental, mientras que la oferta global de frutas, verduras y frutos secos tendría que incrementarse en más del 60 %. Para hacer viable este cambio, los expertos proponen mecanismos fiscales como impuestos a los productos catalogados como perjudiciales y subsidios directos a la producción y distribución de alimentos nutritivos.
Los autores sostienen que adoptar estas medidas permitiría no solo mejorar la salud pública, sino también aumentar la resiliencia de los sistemas económicos y sociales frente a los crecientes desafíos del siglo XXI. La propuesta, afirman, busca construir un modelo alimentario que garantice seguridad nutricional para la población y un uso más responsable de los recursos del planeta. RT


